La huella de San Valentín en Calatayud

En la Real Basílica y Colegiata del Santo Sepulcro se conservan las reliquias de uno de los santos más populares y se ha recuperado el documento que acredita su llegada.

Calatayud 13 febrero 2026.- París, Roma y Teruel llevan grabada la marca de ciudades más románticas y del amor, pero llegado el 14 de febrero hay que recordar que en Calatayud se puede pedir al santo de los amantes que conserve o atraiga ese sentimiento profundo.  

Desde el siglo XVII la Real Basílica y Colegiata del Santo Sepulcro conserva las reliquias de san Valentín y en los últimos años la popularidad de este mártir y la difusión de su relación con la capital bilbilitana ha atraído a muchas parejas a este templo. 

Mañana las reliquias se expondrán de 9.30 a 13.00 y de 17.00 a 20.00 y el domingo desde las 12.30 hasta las 13.00 y de 17.00 a 19.30 horas. Además se celebrará una misa mañana día de su fiesta 14 a las 19.00 horas. 

Para descubrir cómo llegaron las reliquias de san Valentín a Calatayud hay que trasladarse hasta el siglo XVII. Este año se va a mostrar un facsímil del documento que se conserva en el Archivo Histórico Nacional y que confirma la entrega de estos restos del santo y su autenticidad.
Explica el prior de la Colegiata, Javier Sanz, que gracias al Doctor en Historia, Wilfredo Rincón García se localizó esta “Auténtica”, como se denomina de la que se ha remitido una réplica al archivo de la Real Basílica y Colegiata. 

Fue una donación del papa Urbano VIII a Orden del Santo Sepulcro y desde aquí se llevó una parte a Tobed y otra al convento de las Canonesas Regulares de Zaragoza.
La Basílica del Santo Sepulcro de Calatayud aumenta estos días las visitas porque este templo conserva las reliquias del santo de los enamorados. El arca en la que desde 1.638 se exponen estos restos óseos se muestra junto al altar durante todo este 14 de febrero, día San Valentín.
Hay que remontarse al siglo XVII para conocer cómo llegaron hasta Calatayud estas reliquias. Se habían descubierto numerosas catacumbas en Roma y los restos se fueron distribuyendo a las posesiones de la iglesia. En la Vía Flaminia, se encontró el cuerpo de San Valentín, en una basílica levantada  en el siglo  IV y donde supuestamente había sido martirizado elsanto.
El papa Urbano VIII entregó sus restos a la Orden del Santo Sepulcro, que a su vez los hizo llegar a su casa madre en la colegiata en Calatayud, a Toro (Zamora), y a la iglesia de San Antón de Madrid, en el actual barrio de Chueca.
Desde Calatayud una parte de esas reliquias se compartieron con Tobed. Ese territorio era propiedad de la Orden, donde tenía el Palacio de la Encomienda. Este pueblo todavía tiene como patrón a San Valentín y hoy celebra su fiesta. Otra parte de esos huesos se trasladaron a las Canonesas Regulares de Zaragoza.
“No es que haya diferentes santos sino que el cuerpo se dividió en varios relicarios y aquí en Calatayud se conservan en una arqueta de madera de ébano traída de México por José Cubel Liñán”, detalla Javier Sanz, párroco de la Basílica del Santo Sepulcro. José Cubel fue un canónigo de la Orden en Calatayud y envió todas las maderas de ébano que hay en la Colegiata bilbilitana.
Los papas donaban a sus posesiones reliquias y eso explica que las de San Valentín no son las únicas que aquí se conservan, aunque en los últimos años sí son las más significativas, por la popularidad que ha alcanzado este santo especialmente entre las parejas.
Desde el domingo han sido numerosas las personas que se han acercado hasta esta iglesia para ver esa cajita de madera con los huesos. Desde la Oficina Municipal de Turismo se organizaban este domingo unas visitas guiadas específicas que colgaron días antes de su celebración el cartel de completo. Eso da una idea del interés que genera la historia de San Valentín y Calatayud.
La Basílica del Santo Sepulcro de Calatayud tiene sus orígenes en el testamento de Alfonso el Batallador. El 24 de junio de 1120, tras la victoria de la batalla de Cutanda, varios enclaves, entre ellos Calatayud, se incorporan a la Corona de Aragón, dejando de ser territorios islámicos.
En octubre de 1131 el monarca firma su testamento, en el cual dice: “dejo por mi sucesor y heredero al Sepulcro del Señor, que está en Jerusalén, y a los que están en su custodia y guardia y allí mismo sirven a Dios, y al hospital de los pobres, que también está en Jerusalén, y al Templo del Señor, con sus caballeros que habitan allí, y velan para defender el nombre de la Cristiandad. A estos tres concedo y dejo todo mi Reino”.

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