1. Entrada al templo

1.- Exterior de la Colegiata
Historia y características del templo
La Insigne y Real Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud es un edificio de gran importancia histórica y arquitectónica, cuya evolución refleja la rica herencia cultural del municipio. Los restos arqueológicos encontrados bajo el ábside central revelan que en la época romana existió una construcción sobre la cual se erigió un gran edificio islámico, probablemente la mezquita mayor de la ciudad. Tras la capitulación de Calatayud en 1120, esta mezquita fue convertida en la primitiva iglesia de Santa María de la Mediavilla, ubicada en lo que era la sala de oración, hoy en día el claustro. Simultáneamente, se construyó un nuevo templo románico de tres ábsides en el patio de acceso a la mezquita, consagrado en 1249.
Transformaciones y ampliaciones
La Guerra de los Dos Pedros (1356-1369) dañó significativamente el templo románico, lo que llevó a la construcción de un nuevo edificio de tradición mudéjar en ladrillo entre finales del siglo XIV y principios del XV. De este periodo se conservan los primeros cuerpos del ábside y de la torre, así como el claustro. Este conjunto se atribuye tradicionalmente al patrocinio de Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna, y a su maestro de obras, Mahoma Ramí.
El templo actual
El templo actual, que incorpora partes del edificio medieval como el claustro, la torre y el ábside central, se completó en 1614, según la fecha inscrita en el libro que sostiene el evangelista San Lucas en una de las pechinas del crucero. Sin embargo, las obras de decoración continuaron hasta al menos 1630. El resultado es una impresionante iglesia de ladrillo construida sobre un sólido zócalo de piedra, con una planta de salón o hallenkirche, compuesta por tres naves de igual altura, aunque la central es casi el doble de ancha que las laterales y se caracteriza por acomodarse a la proporción áurea.
Características arquitectónicas
El templo cuenta con un crucero levemente marcado en planta y cubierto con una cúpula sobre pechinas, donde aparecen los cuatro evangelistas en tondos de madera tallada y dorada. La cúpula dispone de un tambor abierto por ocho ventanas decoradas con pilastras dóricas y hornacinas que albergan santos de madera policromada. Esta fue la primera cúpula de influencia italiana en Aragón.
En los pilares del crucero se encuentran cuatro escudos votivos correspondientes a los Reyes Católicos y al Emperador Carlos I de España y V de Alemania. La nave central y el presbiterio están cubiertos con bóvedas vaídas, mientras que las naves laterales presentan tramos de cañón con lunetos. Todos estos elementos están decorados con trabajos de yeso de tradición serliana y claves de madera dorada, que aportan luminosidad al interior.
Detalles destacados
Uno de los aspectos más espectaculares del templo es la visión del conjunto formado por el trascoro y las portadas de las capillas laterales, fruto del mecenazgo de ilustres familias y personajes de la ciudad entre los siglos XVII y XVIII. Estas portadas combinan materiales como el yeso para los grupos escultóricos y piedras nobles de canteras cercanas, como la caliza negra de Calatorao, el alabastro de Fuentes de Jiloca y los jaspes de Ricla y Alhama de Aragón.
Portada renacentista
La Colegiata de Santa María de Calatayud alberga una de las joyas más destacadas del Renacimiento en España: su magnífica portada renacentista. Esta obra de arte, concluida en 1528, fue declarada Monumento Nacional por Real Orden el 14 de junio de 1884, en reconocimiento a su exquisita belleza y valor histórico.
Contexto histórico
La portada fue erigida durante el reinado del emperador Carlos V, como indica la inscripción en una de sus cartelas: «XACTUM OPUS ANNO MDXXVIII. K° V IMPERANTE HISP. REG. CATHO.» En el lado opuesto, otra cartela menciona que los trabajos se llevaron a cabo bajo el pontificado de Clemente VII y el episcopado de Gabriel de Ortí: «CLEMENTE VII PONT MAX GABRIELE DE ORTI TIRASON EPO.»
Patronazgo y artistas
El promotor de esta obra fue Pedro de Villalón, un influyente clérigo natural de Calcena, quien había servido en la corte romana del papa Julio II della Rovere. Villalón fue recompensado con los deanatos de Tudela y Calatayud, y a su regreso a España, se dedicó a embellecer la Colegiata con esta impresionante portada.
El diseño y ejecución de la portada se atribuyen principalmente a Esteban de Obray, un artista francés que dominaba el lenguaje renacentista. Obray colaboró con Juan de Talavera y probablemente también con Gabriel Yolí, otro escultor francés, para llevar a cabo esta obra maestra.
Descripción de la portada
La portada está estructurada como un Arco del Triunfo, con una rica decoración escultórica que incluye imágenes de santos y figuras mitológicas. En las hornacinas aveneradas que flanquean la puerta de acceso, se encuentran las imágenes de Santa Lucía, San Roque y San Íñigo a la derecha, y una santa mártir (posiblemente Santa Susana o Santa Catalina), el Apóstol Santiago y San Prudencio a la izquierda.
El intradós del arco de la puerta está decorado con cabezas de serafines, y sobre él se encuentra una escena de la Virgen con el Niño, rodeada de ángeles y querubines, y flanqueada por dos ángeles músicos. Esta escena está enmarcada por las imágenes de San Pedro y San Pablo, y sobre pequeñas columnas abalaustradas, las efigies de los Santos Juanes, el Evangelista y el Bautista.
El ático de la portada está presidido por un espectacular Pentecostés, rematado por un frontón con la imagen de Dios Padre. La decoración incluye motivos mitológicos como grutescos, sirenas, grifos y arpías, que también se reproducen en las puertas de madera de roble de la portada.
Detalles artísticos
Las puertas de madera de roble están adornadas con un relieve de la Anunciación, que ofrece un bello contrapunto al alabastro de las canteras de Fuentes de Jiloca utilizado en la construcción de la portada. Este conjunto escultórico es un ejemplo magnífico del Renacimiento español, que combina la elegancia arquitectónica con una rica iconografía religiosa y mitológica. Entre tanta riqueza ornamental, en uno de los capiteles encontramos una calavera que nos recuerda que la belleza es pasajera, la muerte está presente en cada momento y que todo es efímero.