11. Capilla de la Soledad y Sacristía




11. Capilla de la Soledad y Sacristía
La Capilla de la Soledad, ubicada entre la capilla mayor y la puerta de acceso al templo, sirve también como acceso a la sacristía, lo que condiciona la colocación del retablo. Esta capilla se abre a la nave de la epístola mediante una portada de arco de medio punto, enmarcada por dos pilastras que sustentan un entablamento. Sobre este se asienta un frontón curvo partido que enmarca un relieve con el emblema de la colegiata de Santa María: un jarrón con cinco azucenas, símbolo de María que se repite por todos los rincones de la Colegiata. La portada está realizada en estuco labrado y policromado, imitando mármoles, y su decoración sigue el gusto de la segunda mitad del siglo XVIII. Muestra dos ángeles con trompetas en las albanegas del arco de acceso, y en el resto del conjunto, cintas, guirnaldas, festones, instrumentos musicales, ángeles y rocallas se complementan con las esculturas de ángeles y alegorías que decoran el ático.
El retablo de la capilla se asienta sobre una mesa de altar y está realizado en madera dorada y policromada, imitando mármoles de tonos verdes. La hornacina central muestra un relieve atribuido a Félix Malo, que representa a la Virgen en actitud doliente, llevándose la mano derecha al pecho y apretando un paño blanco contra su pecho mientras mira al cielo con gesto expresivo. Sobre el relieve, protegido bajo una tarja, se dispone el Sagrado Corazón de la Virgen traspasado por una espada, en alusión al primero de los siete dolores de María.
La sacristía, finalizada en 1743 y atribuida al arquitecto y religioso fray José Alberto Pina, presenta una planta rectangular con cuatro trompas a modo de veneras en sus ángulos, convirtiendo el espacio en octogonal y facilitando la posibilidad de cubrirlo con una bóveda oval de lunetos. Unos gajos a modo de gallones quedan separados por los nervios que apoyan en unas ménsulas insertadas en el friso que recorre todo el perímetro. El conjunto está decorado con veneras, guirnaldas, ovas, dentellones, flores colgantes, puntas de diamante y rocalla, y se muestra pintado en tonos marfil, turquesa y pan de oro.
Un conjunto de muebles de madera de nogal y taracea completa el espacio. Los cajones ocupan tres de las cuatro paredes, y en la cuarta, dos grandes armarios empotrados y decorados con taracea guardaban las jocalías del templo. Dos pequeños retablos rococó se ubican encima de los cajones: uno muestra una imagen de Cristo Crucificado y el otro una bella talla napolitana de la Inmaculada Concepción.