13. Capilla Mayor

13. Capilla Mayor
La capilla mayor de la Colegiata de Santa María de Calatayud fue rematada bajo el episcopado de Martín Terrer de Valenzuela, prelado turiasonense entre 1614 y 1630, cuyas armas rematan el retablo mayor. Este retablo, atribuido a los escultores bilbilitanos Jaime Viñola, Pedro de Jáuregui y al pintor Francisco Florén, está realizado en madera dorada y policromada y muestra escenas en relieve que narran la vida de la Virgen María. La bóveda vaída que cubre la capilla se asienta sobre veneras en la cabecera y sobre pechinas en el crucero.
El retablo mayor desarrolla un complejo programa iconográfico narrativo con pasajes de la vida de la Virgen, defendiendo su condición de Madre de Dios e intercesora por la salvación de la humanidad. Este programa se complementa con la representación de algunos personajes del Antiguo Testamento, santos y virtudes. En el sotabanco hay dos relieves que representan el Martirio de San Andrés y a San Martín donando su capa a un pobre. En los plintos del banco están representados los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, junto con las santas mártires Emerenciana y Engracia.
En los paneles situados entre los plintos del banco, hay cuatro escenas en relieve: la Adoración de los Pastores y la Epifanía a la izquierda del tabernáculo, y el Bautismo de Cristo y la Predicación del Bautista en el desierto a la derecha.
El tabernáculo, con forma de templete cubierto con una cúpula escamada sobre columnas, se cierra con una puerta que muestra un relieve de Cristo muerto sostenido por los ángeles. En el coronamiento, el Cordero de Dios y hornacinas con el Rey David, Moisés, Aarón y Melquisedec.
Los relieves del cuerpo principal del retablo narran la vida de la Virgen. De izquierda a derecha, se encuentran el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada y el Nacimiento de la Virgen; sobre ellos, la Presentación de la Virgen en el Templo y la Anunciación; en la parte superior, la Visitación de María a su prima Santa Isabel y la Circuncisión de Jesús.
La calle central estaba ocupada originalmente por un grandioso grupo escultórico de la Asunción de la Virgen, que fue retirado en el siglo XVIII y hoy se encuentra en el Museo de la Colegiata. En 1780, se encargó a Gabriel Navarro la ejecución de una nueva Asunción, que es la que actualmente preside el retablo. Los relieves de Pentecostés y el Calvario en el ático rematan el conjunto iconográfico. En las hornacinas de las entrecalles aparecen representados los Santos Pedro y Pablo, San Vicente Mártir, San Lorenzo, San Millán y San Íñigo. Coronando el retablo, las virtudes teologales: la Esperanza, la Fe y la Caridad, y en los extremos, San Prudencio y San Gaudioso, patronos de la diócesis.
En el presbiterio, a los pies del retablo mayor, descansan los restos mortales de dos obispos: Don Pedro Cerbuna, fundador de la Universidad de Zaragoza, y Vicente Ortiz y Labastida. Estos personajes ilustres esperan el día de la resurrección en el lugar donde reyes y nobles dejaron sus enseñas y armas, destacando los escudos votivos de Fernando II el Católico y Carlos I. Los reposteros bordados en sedas y oro engalanaban las visitas de monarcas que, desde los Reyes Católicos hasta Isabel II, visitaban la ciudad.