15. Claustro, torre y ábside de Santa María la Mayor





15. Claustro, torre y ábside de Santa María la Mayor
La influencia musulmana dejó una profunda huella en Calatayud tras la conquista de Alfonso I el Batallador en 1120, manifestándose especialmente en el esplendor del arte mudéjar local. Este legado artístico se puede apreciar en la Colegiata de Santa María la Mayor, cuya construcción principal data de principios del siglo XVII, pero que integra valiosos elementos mudéjares de épocas anteriores. Precisamente, su ábside, torre y claustro fueron reconocidos por la UNESCO como ejemplos sobresalientes del arte mudéjar aragonés, recibiendo la designación de Patrimonio Mundial en 2001.
El claustro constituye la parte más antigua del conjunto y posiblemente sea un vestigio de la antigua mezquita mayor. Su peculiar planta rectangular, con una longitud que duplica su anchura, lo distingue de otros claustros tradicionales de planta cuadrada. Resulta significativo que su eje mayor presente una rotación de 30 grados respecto a la iglesia, orientándose hacia el sureste en dirección a la Meca.
Un momento decisivo en la historia del claustro ocurrió en 1415, cuando mediante una bula del Papa Luna (Benedicto XIII) y gracias a la generosidad del infanzón bilbilitano Don Miguel Sánchez de Algaraví, se estableció allí un Estudio General. Esta fecha coincide con la reforma que dio lugar a las actuales bóvedas de crucería. En su configuración original, el claustro contaba con veintinueve tramos distribuidos en diez a lo largo y cinco a lo ancho, con una doble fila en el suroeste. Sin embargo, la reorientación de la iglesia en el siglo XVII supuso la eliminación de dos tramos del lado sur, quedando reducido a veintisiete. Las claves que unen los nervios de las bóvedas presentan mayoritariamente una decoración de estilo gótico flamígero, exceptuando dos de ellas que exhiben clara influencia islámica.
La portada del claustro destaca por su elaborada decoración en el acceso a la iglesia, presentando un tímpano con yeserías del siglo XV y tres esculturas de ángeles que portan escudos con símbolos relacionados con el agua y el fuego. Estos elementos iconográficos están vinculados a la cosmovisión platónica sobre la estructura y funcionamiento del universo, concepción que tuvo gran influencia en el pensamiento filosófico y científico posterior. En la clave que cierra la bóveda de acceso del claustro a la Colegiata se puede observar la letra «B», símbolo de Benedicto XIII.
Tanto por la fecha como por el estilo de las claves, es muy probable que el maestro responsable de esta remodelación fuese Mahoma Ramí, quien también trabajó en la desaparecida iglesia de San Pedro Mártir bajo el patrocinio del Papa Luna.
En el costado suroeste se encuentra la primitiva sala capitular, que se remonta posiblemente al segundo cuarto del siglo XIV, anterior a la reforma mencionada. Su portada, elaborada en alabastro negro procedente de Fuentes de Jiloca, sigue el diseño cisterciense, con ventanas geminadas en los flancos. Estas ventanas presentan arco túmido (de herradura apuntada), un elemento poco común en el arte mudéjar que probablemente imitaba algún modelo árabe ya desaparecido.
Finalmente, hacia el primer cuarto del siglo XVII, se construyó en el extremo noroeste del patio una nueva sala capitular, cuyas bóvedas de lunetos están ricamente ornamentadas con yeserías barrocas de lazo, completándose el conjunto con una segunda planta.