17. La torre y el ábside mudéjar, Patrimonio Mundial

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17. La torre y el ábside mudéjar, Patrimonio Mundial

La Colegiata de Santa María ostenta importantes reconocimientos que confirman su valor histórico y artístico excepcional. Fue declarada Monumento Nacional en 1884, posteriormente Bien de Interés Cultural desde 1985, y finalmente su torre, ábside y claustro alcanzaron la máxima distinción como Patrimonio Mundial en 2001. Estos tres elementos medievales han mantenido su identidad arquitectónica a pesar de haberse integrado en el templo construido en el siglo XVII y de haber experimentado diversas ampliaciones a lo largo de su historia.

Desde la perspectiva tipológica, la torre de Santa María de Calatayud se clasifica entre aquellas derivadas del alminar hispanomusulmán, caracterizadas por su estructura de dos torres octogonales concéntricas con la escalera situada en el espacio intermedio. A diferencia de otras torres mudéjares donde el machón central se inicia desde la base, en Santa María este núcleo descansa sobre una robusta bóveda por aproximación de hiladas, lo que permite utilizar el espacio inferior como capilla accesible desde el interior de la Colegiata.

La torre fue concebida en perfecta correspondencia con el ábside, siendo probable que ambos elementos comenzaran a construirse simultáneamente a principios del siglo XV. Esta conexión se evidencia en la decoración idéntica que presentan el primer cuerpo de la torre y el primer tramo del ábside: cada paño muestra una ventana ciega con arco apuntado, sobre la que se disponen tres frisos de ladrillos en esquinilla, tacos que vagamente evocan el motivo ajedrezado, y diseños geométricos de aspas entrelazadas, típicas de la arquitectura mudéjar.

La torre original probablemente no sobrepasaba el segundo nivel de vanos, altura donde posiblemente se ubicó el primer cuerpo de campanas. Poco después se acometió su recrecimiento, intervención que pudo incluir la construcción de la escalera accesible desde el claustro.

Durante el siglo XVI, la torre medieval experimentó un nuevo recrecimiento para elevar el cuerpo de campanas, actuación que pudo realizarse a finales del siglo XV o como consecuencia de la elevación del ábside y la reforma de la capilla mayor. Los paños exteriores se decoraron con fajas de ladrillo en resalte que forman rombos o motivos de sebka. En esta misma época, el ábside fue ampliado con un tramo adicional en el que se redujo el número de paños de siete a cuatro, distribuidos en dos cuerpos: en el inferior se abrió una ventana de medio punto con tres arquivoltas por cada tramo, mientras que en el superior se dispusieron tres arcos de medio punto con dos arquivoltas, unidos entre sí mediante un resalte a la altura de las impostas y decorados con frisos de rombos y ladrillos en esquinilla.

A finales del siglo XVII, años después de la conclusión de las obras del templo actual, se añadieron los dos últimos cuerpos que coronan la torre. Posteriormente, durante el siglo XVIII, se instaló el chapitel bulboso de estética barroca que se apoya sobre un tambor perforado con óculos y se levanta sobre una sólida estructura de madera recubierta de plomo.

La caja de escaleras tiene aproximadamente un metro y medio de anchura, con cuatro peldaños por tramo. Estos se cubren con bovedillas de aproximación de hiladas de ladrillos, una por tramo, que tienen diez hiladas de altura y forma trapezoidal. Como excepción, los últimos tramos están cubiertos con bovedillas de cañón.