Ruta del vino y gastronomía

Calatayud: destino de turismo gastronómico y capital del enoturismo aragonés

Calatayud se ha consolidado como uno de los destinos gastronómicos más atractivos de Aragón, donde la tradición culinaria se fusiona con la excelencia vinícola para ofrecer una experiencia sensorial única. La ciudad bilbilitana combina siglos de historia gastronómica con una moderna oferta enoturística que la sitúa a la vanguardia del turismo del vino en España.

La Ruta del Vino de Calatayud: líder nacional en enoturismo

La Ruta del Vino de Calatayud, que se constituyó hace cuatro años, recibe más de 250.000 visitantes al año, ocupando el quinto puesto entre la totalidad de rutas del vino de España en cuanto a visitantes a bodegas y museos se refiere. La Ruta del Vino Calatayud es la más visitada de España con más de 210.000 visitantes en 2021 y un incremento de más del 101%.

En la actualidad la Ruta del Vino Calatayud cuenta con más de 30 establecimientos adheridos, entre los que se encuentran bodegas, hoteles, con una capacidad hotelera de más de 800 plazas, balnearios, con tratamientos termales y tratamientos de vinoterapia, restaurantes de reconocido prestigio, museos, parques naturales, campo de golf y varias tiendas especializadas.

Viñedos centenarios y vinos de altura

Calatayud, principal localidad de la provincia de Zaragoza tras la capital, es una de las zonas vitícolas de mayor altitud de España, con viñedos centenarios en condiciones naturales extremas, muy propicios para la elaboración de unos vinos de excelente calidad y reconocido prestigio. El cultivo de la vid en la zona se remonta al siglo II a.C., confirmado con el hallazgo de un lagar en el pueblo celtíbero de Segeda. La primera referencia escrita sobre la gran calidad de los vinos de la Comarca se remonta al siglo I y su autor es Marco Valerio Marcial, historiador que nació en la ciudad romana de Bílbilis.

Las enormes diferencias de temperatura entre las horas del día y la noche influyen de manera decisiva en el proceso de maduración de la uva, dándose en estas tierras la vendimia más tardía de la geografía aragonesa. Los viñedos son centenarios, con cepas que datan de hace 140 años, además los campos están entre los más altos de la Península y la maduración de la uva es más tardía.

Museo del Vino y experiencias enoturísticas

En el Museo del Vino de la Denominación de Origen Calatayud, ubicado en el interior del conjunto turístico del monasterio de Piedra, se encuentra dentro de la cilla monacal o almacén para guardar los alimentos y antiguas bodegas, dividido en tres partes: el vino es ciencia, el vino es cultura y el vino es calidad.

Las bodegas de la Ruta del Vino Calatayud ofrecen una amplia lista de actividades enoturísticas, como visitas a bodegas, catas, visitas a viñedos, pero también ofrecen experiencias únicas como poder convertirse en enólogo por un día, paseos fotográficos por los viñedos, rutas en btt, o senderistas entre viñedos.

Productos típicos y tradición gastronómica

El ternasco al estilo bilbilitano Con el nombre de ternasco se conoce en Aragón al cordero joven, sin distinción de género, fue la primera carne fresca que en España fue aceptada como Denominación Específica amparada por la Diputación General de Aragón. La gastronomía está presidida por el soberbio «Ternasco al estilo bilbilitano», a base de paletillas de ternasco sazonadas con laurel, ajo, tomillo y tal vez una pizca de pimienta, asadas lentamente con unas patatas cortadas a rodajas.

El congrio: un manjar con historia El congrio seco forma parte de la cultura gastronómica de Calatayud como si fuese un ingrediente autóctono más, debido al contacto que se tenía con marinos gallegos, que se acercaban hasta Calatayud para comprar las afamadas cuerdas y maromas de cáñamo que se producían. Los famosos sogueros de Calatayud hacían cuerdas para atar los barcos en los puertos y las intercambiaban por comida mediante el trueque, así que intercambiaban las cuerdas por congrio seco. Un producto muy arraigado en esta zona son los garbanzos con congrio y patatas o con huevos escalfados.

Frutas de excelencia Las frutas de las fértiles tierras bilbilitanas han hecho ser muy bien reconocidos en este sector, ya eran conocidas por Felipe II y por Amadeo de Saboya y Bárbara de Braganza quienes sentían predilección por los melocotones de Calatayud. Una gran parte de la fruta tiene C de Calidad Alimentaria.

Repostería tradicional: bizcochos y dulces únicos

Los dulces en Calatayud constituyen un capítulo propio. El chocolate tiene en nuestra tierra el honor de ser el lugar de toda Europa donde se elaboró por primera vez, y la repostería de todo tipo, destacando los bizcochos y las frutas confitadas, ha alcanzado merecida fama fuera de sus fronteras.

Es imposible hablar de dulces típicos de Calatayud sin mencionar a los famosos Bizcochos de Calatayud, conocidos también como soletillas. Estas pequeñas barritas esponjosas, ligeras y tiernas son una delicia que acompaña a la perfección al café o al chocolate caliente. En 1926 los bizcochos bilbilitanos llegaron hasta el palacio del Rey Alfonso XIII, cuando en una de las recepciones reales, en su menú se podía leer Bizcochos de Calatayud.

Los reconocidos bizcochos de Calatayud fueron llamados bizcochos de «soletilla» debido a su peculiar forma, pues este era el antiguo nombre que se le daba a las plantillas que se colocaban dentro de las «alpargatas». Las frutas de Aragón son pequeños trozos de fruta confitada cubierta de chocolate y las grandes piezas de caramelo conocidas como «adoquines» guardan en su envoltorio una copla popular distinta en cada caramelo.

Oferta gastronómica diversa

Desde restaurantes tradicionales y asadores hasta la cocina creativa o de autor, la vegetariana o los bares de pinchos en la zona de Calatayud las opciones para disfrutar de la gastronomía son amplias. Calatayud ha sido una ciudad que tradicionalmente ha contado con un gran número de bares, donde poder degustar lo que antes se llamaban «pinchos».

Calatayud representa la perfecta síntesis entre tradición e innovación gastronómica, donde cada plato cuenta una historia y cada vino refleja la personalidad única de una tierra que ha sabido conservar sus raíces mientras abraza la modernidad, convirtiendo la experiencia culinaria en un auténtico viaje a través de los sabores de Aragón.